Modelo televisivo norteamericano y europeo
La televisión en Europa se ha caracterizado desde sus inicios por una diversidad de modelos, propiciados por las ideas:
- Estado-Nación.
- Cultura nacional de los estados europeos.
La televisión nace en una Europa marcada por la Segunda Guerra Mundial, y poco favorable a la idea comunitaria, su crecimiento ha estado condicionado a la evolución política, social y cultural de la sociedad europea.
El rechazo de la audiencia a una concepción comunitaria del medio televisión, ha quedado certificada por el poco éxito de la experiencia de “Euronews”, concebida como una cadena televisiva de ámbito europeo y de contenidos generales e informativos.
En Europa, vivimos inmersos en nuestra diversidad cultural y lingüística lo que propicia la lógica diversidad cultural y lingüística de los contenidos. La fuerte demanda de las audiencias de material nacional, regional o local es y seguirá siendo una característica esencial del mercado de contenidos, junto a la demanda de ciertos productos globales.
Si comparamos este enfoque con el de los Estados Unidos, que tiene uno de los mercados mayores y más competitivos del mundo, vemos que el punto de partida nuestro ha sido distinto: en Europa no se ha considerado que el medio audiovisual sea un sector económico más. La intervención estatal ha sido una constante en la evolución del modelo televisivo europeo.
Esto no significa que los responsables políticos norteamericanos no hayan intervenido en el mercado cuando lo han considerado necesario, tal es el caso de la introducción de un sistema de evaluación de los programas para la protección de los menores y la política introducida por la Comisión Federal de Comunicaciones que procura una transición rápida a un sistema totalmente digital.
En Europa, los gobiernos han reconocido siempre la naturaleza específica del sector y su función social, uno de los intereses de las políticas europeas ha sido la de educar e informar al espectador, más allá de consideraciones comerciales. Aunque hay que observar la falta de un criterio uniforme, legislado y claro de funciones, objetivos y metas de las televisiones públicas. Esto podría ser la etiología de que, junto con los problemas de financiación y la importancia que ha ido adquiriendo la inversión publicitaria, han puesto en entredicho la finalidad formativa que se atribuía al modelo de televisión europeo. Se ha implantado un sistema televisivo mixto, en el que han coexistido televisiones públicas con televisiones privadas, estableciéndose entre ellas un sistema de competencia más que de complementariedad. De tal forma que la política europea en materia de comunicación se ha ido acercando cada vez más a una posición económica-empresarial.
Los sistemas televisivos europeos se han reestructurado, pasando de sistemas monopolísticos a sistemas mixtos, en los que coexisten el servicio público y el comercial en economías de mercado abiertas. En este panorama televisivo ha empezado a entrar en funcionamiento un elemento que a pesar de presentarse en cada país bajo distintas formas, puede considerarse común: la competencia entre los distintos canales.
Una de las repercusiones de estos cambios se ha dado en la organización y en la tipología de la programación de los canales televisivos públicos, que debido a la competencia, buscan los éxitos en los índices de audiencia y en la excelente comercialización. Considero que este proceso de competencia entre los canales públicos y privados ha generado una cultura televisiva caracterizada por la superficialidad y que pone en peligro la calidad y la diversidad de la programación de los canales públicos. Apareciendo nuevos modelos de referencia protagonizados por individuos que no pertenecen a “nuestra vida cotidiana”, creando confusión entre las audiencias en periodo de formación.
Se ha impulsado la creación de un mercado interno, se ha fomentado la competitividad y ha habido una concienciación de la importancia de tomar posiciones en los mercados globales, al tiempo que se ha afrontado el desafío digital.
Así pues, el mercado audiovisual, que representa un millón de puestos de trabajo en la Unión Europea, aúna intereses comerciales, la diversidad cultural, la función de servicio público y funciones de responsabilidad social. Todo ello en un variado y nada claro marco regulador, en el que cada gobierno tiene su propia política audiovisual, al tiempo que la Unión Europea lucha por establecer directrices de aplicación común.
Profundizando, en temas de regulación, existe un numeroso número de políticas comunitarias enfocadas hacia el desarrollo del sector audiovisual, sin embargo, uno de los problemas a los que se enfrenta el sistema audiovisual es la dispersión de leyes, decretos y reglamentos que dificultan la ordenación del sector. Las materias sobre seguridad legal se encuentran mucho más evolucionadas en Norteamérica. Esta circunstancia posibilita una evolución más rica en contenidos así como la realización de inversiones económicas con cierta seguridad por parte de los grupos mediáticos.
Tenemos que tener en cuenta que las diversidades lingüísticas en Europa, constituyen una grave barrera para la creación de contenidos globales, restando posibilidades competitivas de exportación de dichos contenidos hacia mercados americanos. Argumento no aplicable a la industria del modelo norteamericano. No hay más que evaluar las balanzas de importación y exportación de contenidos entre los dos continentes.
Por otro lado, en referencia a nuevas normativas españolas, por ejemplo la denominada “Ley del tabaco” que obliga a los medios a no transmitir imágenes de personas fumando. En este sentido, tenemos que volver a hablar del gran volumen de importación de contenidos audiovisuales de origen norteamericano, en los que sí aparecen personajes fumando y que teóricamente, al ser emitidos por la cadena, generan un incumplimiento de la citada Ley.
Para la competitividad en la industria audiovisual es de vital importancia la seguridad legal, por lo que es ciertamente importante, que a nivel europeo se marquen unas normas comunes que eviten la disparidad de regulaciones y ofrezcan unas garantías de actuación dentro del mercado.
Entiendo por seguridad legal la que permite la continuación de la emisión, posterior a la inversión necesaria para conseguir que las cadenas emitan con cierta tranquilidad de futuro.
El que tiene el poder de gestionar y asignar y denegar los canales de televisión es el Estado. Es por ello que las cadenas de televisión soportan cierto cautiverio mecido por el miedo a la posibilidad de perder la autorización para emitir en el canal asignado.
La pretensión del Estado de avanzar un paso y entrar a inventariar y valorar los contenidos audiovisuales de las cadenas de televisión en particular y de los medios en general, promete una nueva posición de “cacique de los contenidos” además de hacernos recordar aquellas gráficas palabras de un político, ya en el paro. “El que se mueva no sale en la foto”
En efecto, nos encontramos de bruces con un abanico de preguntas del tipo ¿Quién regulará? ¿qué regulará? ¿cómo regulará? ¿a quién regulará? ¿cuándo regulará? ¿cuánto regulará? y ¿por qué regulará?
Queda claro que todo este tinglado se nos vende desde la perspectiva del “Gran Hermano” que defiende los intereses de la audiencia. A mi entender, nada más lejos de la realidad. Prueba de ello es el “despotismo ilustrado” con el que se negocia qué anuncios se pueden emitir y qué anuncios no. No hay más que volver a recordar la cantidad de importaciones de material audiovisual de origen norteamericano para entender que, herramientas como el product placement o el brand placement toman verdadero protagonismo en series de otros países. Además, independientemente de la franja horaria se emiten series o películas de importación que no cumplen la regulación de la franja de emisión y que contienen violencia, sexo, drogas, etc.
¿Un spot puede ser retirado por que los contenidos parecen atentar contra determinado “grupo social” o por contener “violencia desmesurada”? Ya se hace.
¿Pretenden regular los contenidos audiovisuales para defender los derechos de la audiencia? Pretender, pretenden regular. Hacerlo bien es otra cosa, no hacerlo quizá sea lo coherente.
Luís Enrique Martínez Martínez
Twitter: @crevillente
